"¡Seño, me aburro!" El lamento sincero de los alumnos es cada vez más oído en las aulas de los grados primarios. En el secundario el planteo explícito de los alumnos puede ser menor porque, como se vio en estos días, muchos optan directamente por faltar, abandonar o "ratearse" sin disimulo.
Consultados por LA NACION, docentes, directivos, expertos en educación y padres coincidieron en señalar causas renovadas que están acentuando el preexistente fenómeno del aburrimiento en clase, como la brecha que producen las nuevas formas de acceso al conocimiento entre chicos y algunos docentes. Sin embargo, el aburrimiento también puede ser síntoma de algún problema ajeno a la escuela y hasta el signo de una época en la que los adultos también tienden a aburrirse rápido.
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